La Maleta

Emprendí un viaje de forma algo espontánea, no sabía cuál era el destino, y sobretodo no conocía el camino…; en la maleta  ilusión, ganas y sueños ocupaban cada uno de sus rincones, había tanto de todo eso, que llegué a sentarme encima de ella para crear más espacio, pero no hubo forma de que entrara nada más, ni un poco de cordura, ni una pizca de razón…; así que cuando me di por vencida, la cerré  fuerte con la esperanza de que quizás no me haría falta nada más… e incluso pensé en un “plan de emergencia”: que si  necesitaba  algo más, siempre podría vaciarla un poco de todas esas emociones tan necesarias al principio de un viaje, sin las cuales es difícil comenzarlo..

El camino representaba un mundo lleno de posibilidades, incluso mágico algunas veces,  pero en seguida me di cuenta que mi maleta cada vez tenía más peso, o esa sensación me daba cuando tenía que subir una cuesta, algunas con una pendiente insoportable, de manera que cuando hacia una parada para coger un poco de aire, abría la maleta, y comprobaba el equipaje, pero nada, siempre la veía igual….; así que continúe el viaje durante largo tiempo  y cargué la maleta con la convicción de no volver a mirar dentro de ella, al final me acostumbré a esa sensación, a ese abatimiento…

Durante todo ese tiempo, por momentos fue tan pedregoso el camino, que mi maleta se fue deteriorando, y algunos rasguños en su cubierta fueron dejando entrar el polvo de la senda…, polvo que acabó haciendo que la ilusión, las ganas y los sueños no quisieran formar parte de mi equipaje…

..Y así se quedó mi maleta, vacía y rota…; y aun así, la llevé conmigo durante algún tiempo más, pensando que quizás en aquel viaje encontraba la manera de repararla, pero me sentía tan triste de verla así, que a punto estuve de perder la esperanza de volver a albergar nada en ella.

Durante el trayecto, una bocanada de aire fresco, la suave brisa del mar, dulce y sosegada, y aquel resplandor del alba, me incitaron a continuar con el camino, y esta vez pensé que aquella maleta iba vacía sí, pero también era más ligera y podría llevarla con menos dificultad, y así de nuevo volver a llenarla de todas las riquezas que encontraré en el camino…

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