Negativo original — Diego Pita

Queda lejos aquel debut literario, en plena entrada del nuevo siglo. También su aventura librera, que como toda aventura, hubo de terminarse para ser recordada con las alegrías y sinsabores que conllevara. Muy cerca, en cambio, está el pasado en la vida del protagonista de Ola de frío (Tres Hermanas), última novela de Diego Pita (Santa Bárbara, 1972). Escritor de tímida trayectoria, nos muestra aquí los esfuerzos de alguien que desea juntar sus pedazos en la mano, con voluntad de cambio, entendiendo que lo hecho y por hacer quedan muy próximos, del mismo modo que una nube sigue a otra.

Las palabras

—Pese a lo poco inesperado de la pregunta, tras la lectura se hace inevitable. Usted llevó durante algunos años la librería y bar El bandido doblemente armado. ¿Cuánto hay de autobiográfico, Diego, salvando las distancias?

—Ola de frío no es un libro autobiográfico. Tiene poco de mis años en el Bandido doblemente armado. Quizás alguna reflexión sobre el mercado de los libros y sobre el barrio de Malasaña. El resto es pura invención. Otra vida que no es la mía y otra persona que no soy yo.

—¿Es premeditado ese carácter borroso del protagonista, para así representar a toda una generación cuya voz ha quedado afectada de cierta desilusión?

Yo diría que tiene una percepción un tanto deformada y borrosa de la realidad. Es una persona que se encuentra, sin aún ser consciente de ello, en un momento crucial de su vida y lucha por encontrar un camino, algo de luz. La desilusión generacional es innegable, nos ha tocado vivirla, pero es tan sólo el decorado de la crisis personal del protagonista.

—Encuentro cierta unión con su primera novela, He perdido los veranos, del 2000. Allí el protagonista se veía enfrentado al protagonista de su novela. En Ola de frío, Javier Lacalle, está en continua sensación de enmienda y redención hacia su yo del pasado. ¿Le interesan los ajustes de cuentas personales? No como venganzas, sino como cabos sueltos que uno mismo debió cerrar hace tiempo.

Javier Lacalle, el narrador y protagonista de Ola de frío, vuelve a su pasado porque no tiene otra opción. Necesita recuperar algo íntimo para poder seguir adelante. No puede renacer de la nada. En su infancia y adolescencia encuentra esas piezas que le hacen falta para salvarse y escapar de su prisión e infierno particular.

—La novela parece escrita con intensidad y propósito de brevedad, como las confesiones. ¿Era su intención cuando empezó a escribirla, o no suele planear sus ficciones, dejando que éstas vayan surgiendo?

No suelo planear mucho los argumentos. Tomo notas, pero tan sólo como una especie de cuaderno de bitácora durante la escritura de una novela. La intensidad y la brevedad van con frecuencia juntas. Para esta novela era la combinación más adecuada. Lo de las confesiones me recuerda a una cita de Jim Thopmson, el escritor americano de novela negra. Él decía que las novelas que prefería eran las que confesaban cosas increíbles. ¿Era Thompson o era John Fante? No lo recuerdo bien. Ambos son escritores cuyas novelas tienen lo que yo identifico como ‘autenticidad’; no son reales, son ‘auténticas’. Es el tipo de historias que me gusta leer y el tipo de historias que intento escribir.

—El apoyo en descripciones urbanas recuerda un tanto a Modiano. ¿Qué autores le acompañan, durante la creación o simple disfrute de la lectura?

Leo mucha novela negra en francés. En su mayor parte libros de bolsillo. Los autores  americanos antes citados, John Fante y Jim Thompson y otros compatriotas suyos como J.D. Salinger, Carson McCullers, Raymond Carver o Charles Bukowski me han marcado mucho. La ley de la calle, una novela de S.E. Hinton y la película de Coppola que se inspiró en ella, forman parte de mi santuario literario-espiritual. Igualmente lo hacen otros escritores centroeuropeos como Joseph Roth, Mihail Sebastian, Max Blecher o Soma Morgenstern.

A nivel de mi lengua materna soy deudor de Miguel de Unamuno, Ramón del Valle-Inclán y Horacio Quiroga. Admiro asimismo el estilo ágil y directo de Julio Camba y soy fan de El Bosque Animado de Wenceslao Fernández Flórez.

Hay un escritor francés, Pascal Garnier, que escribe novelas negras sin trama policiaca. No es muy conocido. Murió hace unos diez años. Me interesa bastante más que Houellebecq. Describe una Francia oculta, lejos de la imagen que se tiene de este país desde España. En 2015 se publicó una obra suya en España: ‘¿Qué tal el dolor?’.

—Desde su estancia parisina, ¿cómo ve el panorama de la cultura española actual? ¿Qué opina de la reciente noticia del cierre de la librería zaragozana Los Portadores de Sueños?

Desde Francia es difícil hacerse una idea del panorama de la cultura española actual. Leo la prensa y sigo la actualidad cultural a través de las redes sociales, pero no estoy allí para verlo con mis propios ojos. Cada vez que vuelvo a Madrid tengo la impresión de que todo cambia lentamente a peor. Como una especie de lenta e interminable agonía.

El cierre de una librería es siempre una mala noticia. Yo lo he vivido y es un duelo difícil de superar. Sin embargo, tengo que decir que desde hace unos años se han abierto una serie de locales y de librerías muy interesantes en Madrid. Es, sin duda, un motivo de esperanza y optimismo constatar que todavía hay gente dispuesta a tomar grandes riesgos personales y económicos para promocionar la literatura y los libros en general.

El test

¿Cuál es su palabra favorita? Alucinante. Una mezcla entre alunizar y Rocinante

¿Cuál es la palabra que menos le gusta? Calzoncillos. Es bastante desagradable

¿Qué es lo que más le causa placer? El silencio total, aunque también me da un poco de miedo

¿Qué es lo que más le desagrada? La gente que te empuja por la calle. En París sucede a menudo

¿Qué sonido o ruido le agrada más? El sonido que me devuelve a la realidad cuando acabo de meditar

¿Qué sonido aborrece escuchar? La música tecno comercial que se escucha en los gimnasios. Vivo enfrente de una estación de bomberos y cuando se ejercitan en el gimnasio ponen a tope esa música tan mediocre y desagradable

¿Cuál es su palabrota preferida? Joder

Aparte de su profesión, ¿qué otra profesión le hubiese gustado hacer? Me hubiera gustado formar un grupo o ser capaz de componer música. Aún podría lanzarme a componer música electrónica para así acallar a mis vecinos, los bomberos del 20ème arrondissement de París. Tampoco me hubiera desagradado trabajar en la radio.

¿Qué profesión nunca ejercería? He acabado por ejercer la profesión que pensaba que nunca ejercería: profesor de instituto. Es aún más difícil de lo que imaginaba.

Si el Cielo existiera y se encontrara a Dios en la puerta, ¿qué le gustaría que le dijera al llegar? Joder, Diego…

 

Fotografía por ©Conor Horgan

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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