Negativo original – Ángel García Molinero

Tan cerca nos suele quedar un escenario, si queremos divisarlo desde el patio de butacas, que se nos hace extraño y natural pensar por igual que sobre él nada ocurra o tengan lugar actuaciones. Lo mismo en los cuadros de Degas: en ellos, la danza resultaría igualmente bella si sus cuerpos la ejecutasen como si decidieran permanecer estáticos. Por sus respuestas, pienso que Ángel García Molinero (Madrid, 1997), bailarín solista en la CND, se encontraría más a gusto del lado de los que, como él, pueden tomar cierto vuelo y no tropezar en el espacio de lo posible.

Las palabras

—Pese a las múltiples razones que pueden alegarse, ¿cuál dirías que es la principal que te llevó a la danza?

Fue mi hermano. Porque yo veía la televisión, programas de baile y bailaba en casa, sin más. Pero mi hermano es bailarín y hace Danza Española y Flamenco. Lo que pasa es que, antes de eso, haces un grado elemental en el Conservatorio donde te forman con Danza Clásica y Danza Española, así que me dijo: ‘Métete, prueba, mira a ver qué te gusta y ya elegirás’.

—Empiezas relativamente tarde, con once años, en el Real Conservatorio Profesional  de Danza de Madrid.

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—Y posteriormente, gracias a tus progresos, se sucederán las becas para tus estancias en Cannes, Nueva York o Dresde.

Sí, bueno. La beca de Cannes, por ejemplo, me la dieron en un concurso que gané. Me ofrecieron ir allí a estudiar. Y para Nueva York me presenté a una audición, en la que cogían a chicos y chicas jóvenes, les gusté y pudo hacerse posible.

—En septiembre de 2018 eres ascendido a la categoría de solista, bajo la dirección de José Carlos Martínez, en la CND.

Entré en 2015, estuve tres años como cuerpo de baile, y en 2018, José Carlos, mi director, decidió ascenderme.

—Como toda disciplina física, existe el riesgo latente de las lesiones. ¿Cuál y cómo fue tu desafortunada experiencia, Ángel?

Pues, sobre febrero del año pasado, empecé a notar molestias en el tendón de Aquiles, pero creía que era algo normal, así que seguí bailando, porque era un dolor que no había tenido nunca y no me parecía grave. Pero pasó un poco el tiempo y fui notando que iba a peor. Fui a mirármelo: me dijeron que tenía una tendinitis bastante grave. Tuve que estar parado unos tres o cuatro meses.

Otro caso fue que, cuando volví a bailar después de ésta que te he contado, me empezó a doler un montón la espalda. No sabía lo que era. Me hicieron radiografías, pero no aparecía nada. Llegó el punto que dije ‘Mira, de verdad, estoy fatal’; me hicieron una resonancia y descubrieron que tenía una hernia en la espalda. Estuve yendo a especialistas… Pero la hernia no es algo que se vaya a curar nunca: o te operas o la tienes para siempre. Entonces, fui a varios especialistas de columna y me dijeron que tenía que parar de  bailar, otra vez, justo en un verano que iba a ir a un concurso en Bulgaria con una compañera mía. Me dieron la opción de operarme y perder movilidad, o arriesgarme a seguir con la hernia en la espalda e intentar trabajarla, con pilates y demás, y aventurarme a que fuese a mejor o peor. No me operé, porque era mucho tiempo de recuperación. A veces me da problemas, pero bueno. Hasta el día de hoy, estoy bien.

—¿Qué te supone el reflexionar acerca de tu arte, la preocupación de conseguir transmitir lo que sientes, tú o tu personaje en X obra que te toque representar?

Normalmente, somos como actores, digamos. Te dan un personaje, y tú, mientras lo sigas siendo, tienes que desarrollar ese personaje. Si te toca un chico joven enamorado de tal chica, pues has de serlo, pero siempre intentando poner algo de ti mismo. No todos los bailarines hacen el mismo rol igual.

—Siguiendo la comparación con los actores, ¿crees que los bailarines tienen una repercusión o reconocimiento diferente que los actores, de cara a la fama, por ejemplo y sobre todo?

Creo que es algo distinto, porque al ser actor puedes salir en la tele y eres más accesible a cualquier persona. Tú la enciendes, pones cualquier canal y los ves. Pero para ir a ver danza, hoy en día es más fácil porque tienes las redes sociales, pero no deja de ser menos sencillo, porque has de ir al teatro, pagar una entrada y ver dicho espectáculo. Entonces, puede que sea más complicado para nosotros el ser conocidos, pero también predispone el lugar. En Rusia, el ballet es como aquí el fútbol. Depende mucho de donde se encuentre uno.  

—¿Qué opinión te merece la expulsión, más o menos reciente, del Ballet de París del bailarín Sergei Polunin, en otro tiempo enfant terrible del sector?

Me parece que han hecho lo correcto. No creo que hoy se puedan tolerar ese tipo de cosas. O sea, estamos en el siglo XXI, es 2019, y no puedes soltar cualquier cosa y quedarte tan a gusto. Hoy tus hechos, tus actos, tienen una repercusión; entonces, es lo correcto y lo que debía hacer esa compañía y todas las del mundo.

—De las muchas películas y libros en los que se ha reflejado el mundo de la danza y sus integrantes, ¿cuál te gustaría destacar?

Pues cuando vi Cisne negro, por ejemplo, me quedé bastante impresionado, porque refleja nuestro mundo pero no realmente. Es un poco teatral todo. Tiene momentos, pero no es verdad. Y bueno, la típica Billy Eliot, que es muy bonita, pero un poco irreal para mi gusto también.  

El test

¿Cuál es tu palabra favorita? Pasión

¿Cuál es la palabra que menos te gusta? Lesión

¿Qué es lo que más te causa placer? Quedarme en equilibrio

¿Qué es lo que más te desagrada? Las despedidas

¿Qué sonido o ruido te agrada más? La música del piano

¿Qué sonido aborreces escuchar? Una ambulancia

¿Cuál es tu palabrota preferida? Joder

Aparte de tu profesión, ¿qué otra profesión te hubiese gustado hacer? No hay otra

¿Qué profesión nunca ejercerías? Torero

Si el Cielo existiera y te encontraras a Dios en la puerta, ¿qué te gustaría que te dijera al llegar? Te quedan seis vidas

 

Fotografía de Jacobo Medrano

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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