Hay un fantasma

Deberíais haberme matado.
¡Balas! ¡Balas!, que recitaba Alberti.

Deberíais haber acabado conmigo.
Yo, enemigo de poetas:
asesino confeso de Lorca
verdugo cómplice de Víctor Jara.

Deberíais haberme combatido
—¡a hostias!, que es siempre
como se me ha de combatir—
pero preferisteis escribir estrofas.

Poetillas, escuchad:
la guitarra de Woody Guthrie
nunca mató fascistas;
vuestros versos tampoco.

Desde aquí me río de vuestra cultura,
de vuestros postulados morales.
¡Mío es el irracionalismo!
¡Mío todo el odio del mundo!
¡Yo poseo las banderas!

Contemplad, si no, a mis pies,
el montón de escombros
—camisas azules, espectros negros,
labios sucios escupiendo
babas rojigualdas—,
la hermosa afectuosidad
de sus cabezas vacías.

Supremacistas íberos,
hijos de la endogamia,
ilustres razas pletóricas del postfranquismo!
Facundo Cabral advirtió
de nuestra mayoría.

¡Ay!, trovadores timoratos,
si hubierais soltado vuestros bolis cobardes,
podríais habernos matado a tiempo.

Somos la España de los balcones
desde los que os tiraremos.

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