Cobardía

 

Cobardía Melettea

El contacto con el otro, con lo externo, nos remite a la idea de nuestra propia finitud. Donde termino yo, mi cuerpo, mis posesiones y mi pensamiento, empieza el otro. Estamos inmersos en una sociedad aterrada que no acepta la condición humana. Nos hemos esforzado por crear un mundo consecuencia de este temor, una sociedad que se repliega sobre sí misma construyendo barreras, generando pensamiento y valores que reniegan de toda alteridad.

Dicho contacto con el otro requiere un riesgo que los más temerosos no están dispuestos a correr. Por ello huimos del compromiso, de las raíces, de lo que evidencia nuestra tara, de aquello que nos recuerda la contingencia del ser humano. Superar esta condición es ya un ejercicio de resistencia y no todo el mundo tiene esa valentía. Seguimos sin resolver el trauma de estar arrojados al mundo en soledad, de tener un principio y un fin y la constante renovación y actualización del individuo para evadir este hecho se convierte en una imposición. No es de extrañar que estén desapareciendo los valores sólidos para huir de este pavor y lo que en realidad debería sacudirnos el alma es que se esté estandarizando esta manera de pensar y estar en el mundo. No descanses, no te comprometas con nada ajeno a ti, construye un fuerte que te haga intocable, así sentirás la farsa de ser un dios inmortal. Ya nada nos interesa más allá de un yo que está preso del fluir constante; estamos perdidos en nuestra subjetividad, somos unos cobardes.

FOTOGRAFÍA: @sgophoto

TEXTO: @stery_boyner

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