Invitación

El lector lo desconoce, pero nada sabe acerca de qué es un libro de poesía. No importa. En la primera página, aquella que tanto ha escuchado que debe anclar la atención, encontramos la mano de Rodrigo García Marina (Madrid, 1996) ofrecida al beneficio de la duda. Y nos asegura que nada de eso encontraremos aquí.

Quiere ir su Edad (Hiperión), galardonado con el I Premio de Poesía Joven Tino Barriuso, más allá de la resma encuadernada. No se contenta con lo mítico que pueda contener un poemario, y desvía la atención hacia el lenguaje que, como húmedo tálamo, servirá de idóneo lugar de encuentro entre quien escribe y quien lee. Un lenguaje llano y erudito, interpelando a uno, sin tapujos, con los ruegos y sorpresas naturales del tono coloquial. ¿Cómo formar entonces esa comunión que, mediante el pasar de hojas, de rimas, hermane lo contado con la experiencia ajena? Si hay incertidumbre, aunque silenciosa, ¿podrá nacer la poesía? El autor ha repartido sus intereses, sus apuestas para con lo lírico, en cinco apartados —‘La herencia’, ‘El bronce y la edad’, ‘El absurdo’, ‘El silencio’ y ‘La fuga’— que se disparan en varias direcciones. Cabe todo: el cante de Europe Living’s A Celebration desde el tejado de un columpio (XXXIX Llegado este momento debo hablarle de usted), la reivindicación de la orientación sexual (XII Uno de cada diez hombres según las últimas estadísticas ha vivido/vive, Inciso sobre el amor), el paroxismo cardiovascular (XXXI Conozco palabras que no vas a entender en la vida), la burla (E s t a p á g i n a e n b l a n c o…), la añoranza (VI Mi abuela toma flores y recetas de homeopatía que), etc. Todas las edades se hacen una, igualmente temerosa del frío del Carrefour o dispuesta a ceder el cuerpo al vacío.

García Marina hace que rescate aquella frase, leída en uno de los diarios de Trapiello, que decía semejar la poesía a una bola de mercurio, sostenida en la palma de un niño pequeño, pero sin encontrarle explicación a la imagen. En Edad queda todo ese fondo inexplicable, producto de la oralidad, a veces humorística y otras oscura, que hace gustoso el no siempre comprender. El autor cree en un lenguaje esquizofrénico, y mira hacia otro horizonte menos habitual, quizá no explorado aún, al que orientar su poética. Allí podrá preguntarse si, como en el excelente número XXIII, ‘¿Es esto un poema? ¿O es la lluvia más intensa desde 1927?’.

Una invitación de lo más incierta la que se nos brinda. Un libro disidente, huidizo de vulgares metáforas, de cualquiera. Espero haber cumplido correctamente una de las reglas de su Manual de instrucciones para ser un poeta venera Do, con todos mis mejores deseos para esta Edad sin crepúsculos, espacio devaluado pero aquí lleno de vitalismo.

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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