Negativo original — Miguel Floriano

El color que mejor adorna la poética de Miguel Floriano (Oviedo, 1992) es el gris. No por su uniformidad, todo lo contrario, sino por los matices que puede adquirir, como el metal cuando es pulido. Autor, junto a Antonio Rivero Machina, de la antología Nacer en otro tiempo (Renacimiento 2016), y en 2018 ganador del XII Premio Internacional de Poesía “Antonio Gala”, Claudicaciones (Renacimiento, 2016) fue su cuarto libro y el que mejor ha ejercido de hito en su todavía corta —pero deseamos larga y fructífera— trayectoria. Es Claudicaciones una última veleta para señalar las tempestades internas, la fugacidad del deseo y la palabra, siempre polvorientos cuando quieren recordarse. 

 

Las palabras

—Miguel, ¿estos poemas fueron creados bajo una misma premisa, o la coincidencia de temas, azarosa, te ayudaron a agruparlos para formar el libro?

Puede decirse que los de la primera sección, sí. Los vincula una sensación de desencanto reconciliador. Se escribieron todos juntos, en un lapso de tiempo no demasiado largo. El resto no tenían ningún nexo temático, aunque después me di cuenta de que el conjunto, visto desde las estrellas –con-siderado–, sí mostraba algo común entre sus elementos: eran poemas que constataban el rotundo fracaso de la intensidad, entendida a la manera de Meschonnic en ese libro suyo delirante titulado La poética como crítica del sentido: como lo que el cuerpo hace al lenguaje. 

Claudicaciones está atravesado de un aire elegíaco. Lo que desaparece, se desgasta o genera incertidumbre acerca de si volverá a suceder son los motivos más frecuentes en las tres partes del poemario. ¿Cerrar una etapa, en tu caso, obligaba a poner de relieve, como acto de sinceridad, tal desesperanza?

A mí me parece que la mayor parte de lo que somos es memoria. El problema está en distinguir cuánto de ella nos pertenece y cuánto pertenece a los otros. Piénsalo. Hasta el mero acto de comunicar, que es una de las actividades que más involucra a la razón, está condicionado por la experiencia y la memoria de uno, por la colección de vivencias y cada una de las sensaciones e ideas maduradas. Uno habla teniendo como piedra de toque lo vivido y padecido, y las modulaciones que esto provoca en la elección de palabras o la construcción de las frases pueden conducir a una total des-comunicación. O a lo contrario, naturalmente. ¿Cuántas veces hemos hablado con alguien con quien lo dicho parecía estar agotado antes de articularlo, y al revés, que parecía haber sido entendido antes de darle expresión? Hablamos lo que hemos sido, irremediablemente.

Más que lo que desaparece, en la escritura se evidencia más este hecho: un apetito por los recuerdos que aún están por venir. Creo que solo tenemos sitio para una cosa irrepetible en nuestra vida, y el resto son intentos más o menos ridículos o exitosos de mímesis. 

Nada me obliga a escribir. Solo el placer me lleva a escribir poemas. 

—Al hilo de la pregunta anterior, ¿crees que en la primera juventud, de alguien que es creador o de cualquiera, la sensibilidad puede demostrarse más desatada, más brava?

Es una posibilidad. En mi caso, se trata de vulnerabilidad a las sensaciones. Una cuestión de autogobierno, de trabajar la fortaleza de la voluntad.

—Por declaraciones de anteriores entrevistas, sé la importancia que las palabras tienen como factor creador para ti, unidas a una revelación que te permita ir desgranando su ritmo para escribir el poema. En Claudicaciones se nota a la legua, pero también el desasosiego de que no sean suficientes, o que sean —ya en forma de poema— la única salvación: en Necrológica (Introito), Candil, Preludio, Memorial del descenso, por citar algunos de ejemplo.

Sí, es un tema recurrente en mi poesía. La confianza absoluta en el lenguaje y al mismo tiempo la certeza de que resulta un material demasiado precario, o repleto de convencionalismos, como para dar forma de objeto bello a la experiencia o a las ideas de ella derivadas. Foucault decía que ninguna palabra, por derecho propio, pertenece a la literatura. Que literatura era la actividad misma de investigar, o de indagar sobre su naturaleza. Escribir para comprender qué es escribir. Por ahí se mueve mi poética. Incluso señalaría también cierta ironía formal, igual que si quisiese dejar en evidencia la invalidez, mediante un uso específico, de las figuras literarias. Me alegra que señales ese agotamiento que se intuye en los poemas a la vez que cierta relación pasional con el lenguaje. Si consigo que el contraste implique ambos planos, un desasosiego del contenido frente a una pasión de la forma, entonces habré escrito un buen poema.   

En torno a dos de los grandes poemas del libro, Meditación en Salave  y Poema que ocurre, observamos que la atenta espera en los paisajes por uno conocidos hace nacer una verdad, acaso la que busca toda voz poética. Tu ciudad natal, los campos, ¿qué influencia han ejercido en ti, directa o indirectamente?

Bueno, Salave es una población cercana a Tapia de Casariego, mi pueblo de toda la vida, de donde viene toda mi memoria sentimental. Meditación… lo escribí una tarde en que los amigos y yo decidimos volver a visitar unos lagos a los que íbamos en la infancia, montados en nuestras bicicletas. Cuando llegamos allí quise recuperar aquella impresión de inmortalidad que entonces sentía, sin apreciarla, y dar una sensación también de cierto escepticismo más o menos contemporáneo: la nostalgia llena la memoria de ficciones, y eso es algo que te enseñan los años y el lenguaje. La contradicción es un arma literaria poderosa, si es percibida por el lector sin saber lo que es.

Sí, en los lugares es donde mejor se acomoda la verdad del corazón. 

—Eres un poeta intelectual. Hay cierta abstracción en tus creaciones, incluso cuando hablas del amor o su falta, pero transmites con exactitud la belleza cruel de los objetos, pensamientos, sentimientos, etc. ¿Cuánta reescritura te lleva a dicho equilibrio?

No suelo reescribir mucho. Escribo una primera versión en la que puede inmiscuirse alguna rima interna indeseada, la repetición de una palabra… Aunque sí que es cierto que muchas veces, cuando un verso no quiere llevarse bien con los demás y se atraviesa, da mucho la lata. 

Los poemas, efectivamente, están a niveles altos de abstracción. A uno le estimula mucho el pensamiento teórico. Creo que lo real acostumbra a ser imaginario, porque el mundo, a mi juicio, resulta impensable; son demasiados acontecimientos sin ninguna relación.

—¿Te importan las tradiciones poéticas, en cuanto a poder conocerlas a fondo para reinterpretarlas en tu quehacer artístico?

Sí. Tengo muchas ganas de viajar y poder conocerlas más de cerca. Estos días estoy fantaseando con esos viajes, con renovar la mirada y el pensamiento. Es necesario.

—La última parte, Donde habite (Coda en re menor), está dedicada a José Luis García Martín. ¿Qué ha supuesto para ti la asistencia a su tertulia del Óliver?

Bueno, tengo que decir que antes me divertía más en la tertulia, cuando asistíamos todos los de mi grupo. Ahora suelen decirse las mismas cosas y, lo que es peor, del mismo modo.

Con Martín tengo una muy buena relación, nos reímos mucho metiéndonos el uno con el otro y coincidiendo muy de vez en cuando en lo esencial. El poema, ahí está. 

—Han pasado tres años desde la publicación de Claudicaciones. ¿Has sentido dejar atrás ese lastre de ‘etapa tormentosa y febril’ que mencionas en la nota final? ¿Pesa distinta tu escritura hoy día?

Te lo tomas demasiado en serio. Tormentosa y febril es y será siempre mi sensibilidad, a la que nada le pasa desapercibido. Entonces acababa de abandonar una relación, y demasiado reciente tenía ese fracaso. Ahora sospecho que me he convertido a la poética dogmática, que diría Kant. Estoy buscando otro tipo de lecturas, otras tradiciones más dispares, para nutrirme de otra manera. Toda recomendación al respecto es bienvenida, Luis.

—Para acabar, ¿qué libro o película o canción han provocado en ti recientemente, o siempre que vuelves a ellos, una ráfaga de admiración? 

La última de Tarantino me hizo enormemente feliz. Parece que la hubiese filmado para nosotros, para mí y para mis amigos, que estamos criados en el rock and roll. Con ese preciosismo cortés, ese carácter provocador. Abandoné la sala con una melancolía adormecedora. Respecto a literatura, el último libro que abandoné distinto a como llegué a él fue una pequeña colección de poemas de Antonia Pozzi, que vierte al español la poeta Herme G. Donis. El alma desnuda, se llama. Fue un regalo suyo que aprecié mucho. Hay cuatro o cinco poemas que le roban a uno el aliento.

 

El test

¿Cuál es tu palabra favorita? Entrega

¿Cuál es la palabra que menos te gusta? Madurez

¿Qué es lo que más te causa placer? Tener conciencia de que se está gestando un poema y conversar con los amigos

¿Qué es lo que más te desagrada? El exceso de modales y el arribismo

¿Qué sonido o ruido te agrada más? La lluvia golpeando los cristales y el walking bass del blues

¿Qué sonido aborreces escuchar? El zumbido de un insecto

¿Cuál es tu palabrota preferida? Imbécil, aunque me parece que no entra dentro de esa categoría 

Aparte de tu profesión, ¿qué otra profesión te hubiese gustado hacer?

He tenido algunas profesiones. Ahora no tengo ninguna. No me gano la vida, como dicen las gentes comme il faut. Me encantaría regentar un negocio familiar. Una tienda de música, una librería.

¿Qué profesión nunca ejercerías? Pues no lo sé

Si el Cielo existiera y te encontraras a Dios en la puerta, ¿qué te gustaría que te dijera al llegar? Hoy hay cocido

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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