El mar ebrio de juventud

Es posible que asistiese a la presentación literaria más breve de las que haya podido ser testigo, y que fuese adecuado así el ambiente. 

Pocas sillas ocupadas, no llegando a ser diez personas, si mal no recuerdo, sin contar a los presentadores. La espera de cortesía, estirada más que cortésmente, permitía contemplar y pensar, además del espacio de reunión, con sus estantes ordenados y huecos que se hacían más remarcables con la paciencia, el sentido del libro por el cual nos encontrábamos. Entre mis manos, trasteaba el ejemplar de Por hablar contigo (Ocho poetas asturianos) (Colibri), antología coordinada por Miguel Floriano, poeta, y Carlos Castilho Pais, profesor de la lisboeta Universidade Aberta y traductor de los poemas. La portada, de un tono cremoso; las letras, en tipos añiles y terrosos. Ya en la superficie se encuentran dos valores que evidencian el buen trabajo llevado a cabo: sobriedad y rigor, tanto estético como poético. 

Resulta complicado resaltar por qué una u otra antología merece ser destacada sobre las anteriores compuestas. Que caigan en polémicas o resulten populares es algo siempre arbitrario, que escapa a la selección de los antólogos, que sólo el Tiempo va a encargarse de juzgar importante o relegar a las montañas de papel usado. En el caso de Por hablar contigo (Ocho poetas asturianos), otorgándole la medalla que no puede obviarse, debe resultarnos valiosa por su cohesión, por la unidad que la lectura de los ocho escogidos, con diez poemas por nombre, deja en uno sin excluir toda la individualidad y diferencias en gustos y manieras que entre los autores hay. Nada fácil conseguir esta rareza, en su mejor sentido.

Ocho poetas, cuatro mujeres y cuatro hombres, que logran transmitir, entre sus creaciones editadas y otras inéditas —un regalo por su parte—, pequeñas ráfagas de lo que su quehacer poético significa. María García Díaz, y su visión de lo primitivo en nosotros; Óscar Díaz, entre un inicial culturalismo y una más sosegada aleación entre vida y Arte; Miguel Floriano, pendiente siempre de las batallas interiores, sentimentales, elegante; Candela de las Heras, de una profunda llaneza, telúrica, imposible escapar de sus meditados versos; Ruth Llana, hermética, pura metralla; Xaime Martínez, con aires antiguos, pero venidero, perdurable; Diego Álvarez Miguel, tan irónico, con una herida de fondo que no sabe si ha de mostrarse; Sara Torres; abstracta y tocada de un leve hechizo. 

Ocho bazas que hacen de esta antología una lectura adictiva, completa si un nombre sigue al siguiente, como un dominó lírico cuyas piezas no caen por el mayor peso de la anterior, sino por necesidad de complementarse. Aquí, los ecos de los poemas mantienen una larga conversación. Conviene estar atento, así con sus futuros trabajos. Los matices de estos autores son inmejorables. 

Volviendo al lado anecdótico, al particular día de la presentación, revelaré que ésta duró veinte minutos. Pasaron sin saber si nos encontrábamos, al menos uno, en un éxito de público —pues con las presentaciones poéticas se suele redondear a la baja, por si luego la realidad sorprende a mejor— o en una balsa a la deriva, un grupo de amigos reunidos en un feliz naufragio. Funcionó la suma de ambas. Carlos Castilho Pais y Óscar Díaz presentaron, y fue bueno y fue breve y dos veces por tanto, como el refrán dice. Un poema de amor, el último recitado antes de brindar con un poco de Oporto blanco, quedó suspendido y nuestro silencio señalaba el triunfo de la antología. 

Por hablar contigo (Ocho poetas asturianos) es, tomando prestado uno de los versos incluidos, un ‘mar ebrio de juventud’, con todas sus mareas, sus riesgos y sus juegos, a veces tan serios como aquellos que son practicados por cualquier niño, como se nos dice en el prólogo. Aquí ese juego vibra con presencia fantasmal. Suerte del que la lea, del que la sienta. 

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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