Apunte de FJMM

He de ser breve. Dándonos cuenta o decididos a pasarlo por alto, la vida no deja de ser una sucesión de tachones y correcciones sin fin. No hay tiempo que perder, en seguida se presenta la siguiente línea de tinta cubriendo la frase, el día, ese momento que creímos acertado.

La lectura de Tacha (Renacimiento, 2018), de Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981), provoca esta inmediatez de meditar sobre nuestras propias velocidades, para saber si algo de lo que hemos vivido o leído nos ha calado y podemos estar seguros de llevarlo todavía cargado a la espalda, y a la vez no, nos cuenta que mucho ha ido  quedándose atrás y que posiblemente la literatura no sirva para recoger los pedazos, pero sí para recordar el ensamblaje que en nosotros ha formado un todo.

Tachamos para entender nuestra obstinación ‘en la nostalgia de lo roto’, para seguir oyendo cómo la vida se vence fuera de nosotros, sin que despeguemos la cara del libro; para querer ‘como cualquiera, lo imposible’, para buscar la exactitud y con las palabras que justifiquen interrumpir al silencio. 

Sale uno de leer Tacha y se ve un poco como esa obra paralizada que dice al principio, pero igualmente encantado de toparse con escritos así, críticos e irremediables al encanto de lo soñado, lo escrito. A otro le cedo el relevo.

Acerca de Luis Bravo

Madrileño. Me gusta pasear y leer libros.
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