Quemar los rastrojos

Más conocido por su faceta teatral —en 2019 recibió el Premio Nacional de Literatura Dramática; en 2016, el Premio Max a la Mejor Autoría Teatral— y habiendo publicado ese mismo año su primer poemario, Alberto Conejero (Vilches, Jaén, 1978) regresó al ruedo poético a principios de año con En esta casa (Letraversal). 

A pesar de la ingratitud de este 2020 con quienes nos está tocando vivirlo, y sabemos los afines al medio literario que unos cuantos se han visto afectados en sus fases de salida al mercado, promoción, o directamente aplazados de fecha, podemos afirmar que el trabajo creativo no ha dejado de funcionar, y ante la adversidad, o mientras tenía lugar, ha dado frutos que degustar y con los que resarcirse. Como decía Pla, la cuestión es pasar el rato.

En el caso de Conejero, llegó a tiempo de disfrutar una breve y normal llegada a las librerías y difusión en los medios. Era enero y nada de esto nos imaginábamos. Irónico, si se piensa con humor negro, que es en casa donde mejor podríamos disfrutar de él. Lo importante es que esté en nuestras manos.

Precedido de un prólogo de Aurora Luque que, si bien abre con elegancia este primer título de la colección Letra Bastarda de esta recién nacida editorial (con cuatro títulos actualmente en venta), acompañando al texto y empujándole a que se nos muestre en toda su gracia, sin miedo, explica sin ninguna necesidad las tres partes que dividen el libro. Ahí, en esos tres párrafos, está la reseña hecha. Creo que el objetivo de cualquier prólogo o epílogo es cautivar a quien se dispone a leerlo y confirmar, en la medida de lo posible, el buen gusto que va a dejarnos en el ánimo, la impronta. Desmenuzar lo que trata, aunque sea de puntillas, tiene más bien un efecto desvelador, y la sorpresa de lo que nos vayamos a encontrar queda algo chafada. Hay prólogos que pueden funcionar mejor que el texto que prologan. Los hay que, si la lectura de ninguno nos ha gustado, plantean el dilema de con quién quedarnos, si con el autor o el autor que prologa. En fin, es un tema interesante éste, pero lo dejo aparte para sólo concretar que aquí sobran esos tres párrafos. Bien mirado, si esta reseña no resulta útil, la de Luque servirá para lo que uno pueda haberse dejado en el camino.

En esta casa es el acercamiento hacia lo que es uno, su historia, la investigación sobre lo que hemos devenido. Van unidas las sendas de la historia familiar con la historia del país en la primera parte, como un efecto espejo que explicaría lo que una ha reverberado en la otra. Este libro de familia quiere saber ‘qué significa España/ y su tracción a sangre’, el poder que nos han dejado los ancestros aunque nos resulten, incluso sus nombres, totalmente desconocidos, lejanos, como el rumor de una guerra acabada. El peso de una madre y un padre, cada uno en su posición y cumplimiento a la hora de educarnos. Ambos resplandecen y acto seguido se olvidan, para poder ser uno quien es. 

Un tanto desconcertante la continuación, donde el sujeto pierde espacio frente a los elementos naturales: el bosque, el mar, sus simbólicas criaturas. Empieza a comprender gracias a liberarse de lo telúrico, prestando atención a su soledad. Así, entenderá que es ‘aquello/ que aún no existe y sin embargo/ me aguarda desde siempre/ confiando’. 

El final del trayecto será la comprensión e invención de esa casa en la que se sabrá guardar lo que ha quedado, como una recompensa al asombro, a haber callado —y en ese mismo silencio, haberse respondido mediante versos—, a la paciencia de haber buscado entre los surcos que otros con nuestra sangre trabajaron para poder estar donde nos encontramos, al amor, a las palabras para que puedan recuperar su sentido, o si no, ‘callen si es que ofrecen/ solamente palabras’. Maravilloso cierre para el libro el final del poema homónimo. La fuerza, aunque desigual en los dos últimos tramos, regresa a la garra del principio, más conseguida. 

Le debe mucho al paisaje En esta casa; es una cualidad no sólo plástica, también conductora, evidentemente, pues los poemas parecen haber sido pensados como un monólogo dividido en espacios en los que cada uno verá correspondido su voluntad con las noches de agosto, los campos arcillosos, el fondo con algas que bailan, el vuelo de zorzales dentro del cuerpo amado… Ecos lorquianos que hacen obviarle como influencia y ver que estamos ante un poeta en plena forma, con dominio milimétrico de qué decir y dónde y cuándo. 

Si su primero se llamaba Si descubres un incendio, aquí ese fuego ha servido para quemar los rastrojos acumulados —práctica tan habitual que podemos toparnos en cualquier viaje que atraviese la península— y aprovechar las cenizas del comedimiento que cubren las páginas de este libro. Una casa iluminada que espera entremos.

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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