El frío de la frase

Hemos tenido la suerte de que fuera rescatado este texto del año 1998, desconocido de una autora, una directora de cine, que continúa siendo extraña al nombrarla más allá de los círculos cinéfilos y estudiosos y curiosos del séptimo arte. Nos trae la editorial Tránsito Una familia en Bruselas, de Chantal Akerman (Bruselas, 1950-París, 2015). Monólogo crudo, redundante, imposible de separar de lo reflejado en sus películas y documentales.
Famosa por un estilo que, una vez pasado el sopor, alcanza un nivel de fascinación que ha hecho mella en otros muchos que la sucedieron (Gus Van Sant, Todd Haynes, como apuntaba Álex Vicente en su crítica de El País), en el texto consigue ese mismo ritmo cuya base es la pura realidad, si esta alguna vez ha conseguido ser en las obras de arte, pues siempre acaba tratándose de un ángulo de vista más de eso tan imposible y anhelado que es la representación exacta de la realidad. A Akerman podríamos incluirla entre los pocos que sí han logrado ese retrato-intento de lo que vemos a diario. Su película más celebrada, Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975), permanece como ejemplo inamovible de su constancia por llevar a la pantalla los gestos, las costumbres, el tiempo que pueden darse en las tareas de cualquier hogar, con la diferencia de que ahí éste se torna tanto prisión como refugio, cáscara que va envolviendo a su protagonista —ama de casa— lentamente.
En ese filme, el papel de Delphine Seyrig, y en el libro que nos concierne, el rol principal es dado a quien Akerman ha edificado en torno sus obsesiones: su madre, seguido de la relación materno filial. Podríamos decir que son la mayor de las causas de su trabajo.
De origen judío polaco, superviviente de los campos de exterminio, emigrada, sumida en un mutismo que marcaría a su hija —nombrada en el libro como ‘la de Ménilmontant’ o ‘la que no tiene hijos’, pues era el barrio donde vivía y era su hermana la que sí formó una familia—, leemos en este remolino de pensamientos que ni nos traga ni nos permite escapar su nueva situación. Una mujer sola en un piso de Bruselas. Hace frente a las rutinas, a su viudedad, a los familiares, a los recuerdos con estos, su marido; su familia más cercana, sus hijas. Y es ahí donde se despliega toda la espiral que desvela cómo funciona una mente subyugada por la vida, a la que parece perdonarle todo porque los actos y los hechos son de una manera y hay que adaptarse. Por mucho que el trago venga cargado de hiel, por mucho que perdamos (mucho se pierde), sale a flote esa capacidad de supervivencia, increíble y no siempre a la altura de la catástrofe. En Una familia en Bruselas es el silencio. Es un libro en el que uno se acaba callando también, no queda remedio. No sale lo que verdaderamente querríamos decir. Hablamos, como la madre con sus hijas por teléfono, pero todo son frasecillas, débiles preguntas, intercambios de palabras como si fueran pelotas cansadas de rodar. Nada de nada. Por debajo, lo que no se sabrá. El escalofrío deja en las conversaciones una sensación de frustración. Pero se entienden, sí, sorprendentemente. El código del silencio establece sus propias reglas entre quienes no saben ya cómo gestionar sus sentimientos hacia los demás. Como no se podrá mejorar nada, mejor no decir nada. La vida así va flaqueando hasta volverse polvo. No puede desdecirse una elección así, no hay posibilidad. Alguien seguirá contando las historias que en nosotros saben a ceniza, sean reales o no.

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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