Lumbre

Igual que la intención de las dos teorías de Wittgenstein (empieza fuerte esta reseña, disculpad el poner los pies tan alto) era, en suma, conseguir una claridad de los límites del lenguaje ‘para preservar la esfera de lo que queda allende de lo decible’, la poesía, entendida como lenguaje aparte, a su manera procura de la mano que la escribe preservar también un mundo, unas formas, unos tópicos que son siempre combatidos y reutilizados, reformados en pos de las corrientes y generaciones. También algo totalmente distinto y que cada uno crea o esté de acuerdo o en desacuerdo.

La poesía puede nacer de una petición. Esta imagen: un abuelo pide a su nieto que arranque del suelo una higuera gigante. Como no puede por fuerza insuficiente, fue escribiéndole en compensación los poemas que formaron Cantar qué (Pre-Textos), con el que Juan de Beatriz (Lorca, 1994) consiguió el último Premio de Poesía «Emilio Prados», en su vigésimo primera edición del 2020 y publicado el reciente abril. Esa imagen que recoge en los agradecimientos y abrocha el sentido de sus creaciones: cantos a lo maravilloso que nos es regalado por las vivencias, las experiencias, pero sin intención subyacente de comprensión, de ahí suponemos el título interrogativo. Su Qué es lo valioso de esos altares que levantamos, el pasado alrededor de una fogata que iluminará más tarde (de nuevo, como la filosofía), pero también, sin intensidades ni recalcitrantes, es la reflexión humilde que alguien decide hacer sentado en su escritorio, ante el ordenador, con la hoja en blanco y el cursor que tiembla. 

Es la primera parte, tras una introducción que enmarca el tono extasiado que permitirá aprender lo útil aunque hueco del canto —‘… incendiarse hasta la rosa/ ceniza demandada/ sin porqué’—, dicha meditación en torno al fruto poético. J.de Beatriz empieza desde abajo, con las imágenes más tradicionales de la historia poética para corroborar una vez más ‘cómo van salpicando las palabras/ una/ a una/ a una/ en las aguas del texto’ en Sampleo de Narciso; procediendo a autopsias del poeta y el poema, quién está para qué, dilema eterno; glosando un río en el que contemplarse, e igual los ríos en poesía son los verdaderos Narcisos, siempre abismados en el reflejo que les contamos. 

Carne de asombro ahonda en su pesquisa; los elementos terrenales, el aire, el espacio, las profundidades de la tierra y el tiempo —los trazos rojizos en las paredes de Atapuerca— pero también en formas más constantes y atemporales como la ausencia, y se canaliza en las figuras de los abuelos, la abuela en este segmento, porque es mucha la enseñanza que dejan en sus nietos. La influencia de estos en la vida y educación literaria-sentimental, amén de sus libros, de bastantes poetas recientes daría para otro artículo, para un estudio de mayor calado. (Dejo ahí ese cabo del que tirar, por si alguien estuviera interesado y ya lo hubiera percatado.) Es como una sombra para recordarnos humildad, descanso de nuestros dilemas y perdiciones. ‘¿Cómo se dice vuelve/ a quien se fue tan lejos sin marcharse,…’, ‘Así te he venido queriendo yo/ como ciego que viese/ cada día la luz por vez primera.’, y el amor, de tan alto cuestionamiento, se repliega para consolarse con el peso de uno y el que podamos apoyar en el otro. Alone, together, Orgasmo, Post coitum tristitia, Sol de los sentidos, atrevidos ejemplos de clásica reflexión hacia lo carnal y privado. 

Desembocará en Bolaño me da el tono y cierro Cantar qué, el más extenso e irregular en forma de mural que repasará las obsesiones recogidas e intentará darse una respuesta: al final, la palabra y su verbo como lápiz y tinta cuando todo parece morir, y es que nosotros moriremos también, pero encima de ese tránsito al que estamos condenados, aunque desordenado, un canto, y omitimos esta vez la pregunta. 

Mención aparte merecen los Sampleos, pues J.de Beatriz, que desarrolla un peculiar proyecto titulado ‘tecnopoesía’, ha sabido conjugar las poéticas de los nombres agasajados con la suya, aún por desarrollarse pero ya rica y llamativa.

Cantar qué está escrito desde los bancales, con la finura de la copla que sabe ser palmeada y doliente, gracias a la tradición entendida como fuente y no barrera que saltar. Un paso firme que posibilitará los siguientes. Tengamos a este poeta cerca, del mismo modo que él tiene, sin temor, la facilidad de no sólo serlo, sino de hacer poesía.

Acerca de Luis Bravo

Madrileño. Me gusta pasear y leer libros.
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